Piel con piel

¿Qué es lo que hace un recién nacido lejos de su madre calentándose en una incubadora? cuando ella tiene calor propio cargado de amor, energía vibrante que emana su cuerpo producto de su más grande y reciente amor.

¿Cómo es que están, madre e hij@, tan cubiertos de ropa, aislados el uno del otro, cuando más necesitan sentirse, darse sus calores propios y hacerlos uno? Piel con piel.

¿Cómo es que lo innato pasó a ser tan ajeno a nuestras realidades? Proporcionando calor y contacto con aparatos, telas, teteros y chupones. Cuando lo que necesita la cría está concentrado en el cuerpo de su madre, quien además está deseosa de entregarle todo aquello y un poco más de si misma.

Se nos olvida que lo que radia el cuerpo físico es más que calor; es vida, es pulsación, es ritmo, es movimiento insuflado por la mismísima creación. El gran misterio que nos mantiene con vida, que nos vive, nos sueña y nos ama. De todo ESO, también se alimenta la cría.

¿Qué hace durmiendo lejos de ella? si su corazón, ahora colmado de amor, palpita para que su cría lo escuche y se calme, y al llevarlo en brazos y experimentar la piel más suave que jamás imaginó antes de parir, el tacto tomó otro sentido más profundo.

¿Por qué mecer en un cochecito a un recién nacido?, si el balanceo de su madre que lo lleva en brazos, le llena de confianza, contención y su voz que arrulla, voz de la que nacen ahora de un lugar desconocido, canciones hermosas para dormir que llenan de fantasía y alegría sus miradas, y les cuentan que no necesitan nada más por ahora, que el uno al otro.

Si pasa tan rápido, por qué no fundirse y entregarse a la magia de la mirada profunda y fresca, y al olor a esperanza e inocencia;

A la oportunidad de ser custodios del ser puro y frágil, en el que se encuentran las infinitas posibilidades del creador, siendo testigos una vez más del milagro de empezar de cero pero con la consciencia de que ese ser depende en una gran medida de nosotros, siendo cuidadores de un amor intacto que va más allá de lo que cualquier palabra pueda dibujar.

Por qué no entregarse al regalo más grande que la vida nos dará, porque es la oportunidad más grandiosa para sanar nuestras propias infancias, y las memorias hacia nuestros propios padres.

Una oportunidad de dimensiones muy profundas para amar sin condición.

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