Para escuchar el corazón, primero hay que callar la mente

Es el Corazón, literalmente, el que posee una sabiduría que trasciende la lógica y que se rige por un propósito más elevado de lo que a veces podemos comprender.

Es el órgano que nos conduce por caminos inesperados en los que tarde o temprano encontramos el por qué de esas decisiones que tomamos con tanta pasión.

En él nos podemos refugiar para perdonar, amar, agradecer, sentir, honrar y a veces mirar aquello que nuestros propios prejuicios no nos dejan contemplar.

Pero… ¿cómo escucharlo? ¿con qué aparato?…

Con la mente agitada (como solemos andar por la vida la mayoría de las personas) nos sucede que no podemos diferenciar entre pensamiento y sentir.

Escuchar nuestros corazones es más sencillo de lo que parece, pero es necesaria la acción. Es por ello que sugerimos, sobre todo para madres y padres (más aún las gestantes), alguna práctica que facilite la calma, como la meditación, los ejercicios de respiración, o la contemplación de la naturaleza. Todas son prácticas significativas que nos ayudan a conectar con nuestro interior y a depurar nuestros pensamientos sobrecargados por todo lo que vemos, oímos, vivimos, hablamos, comemos, etcétera; sobre todo en esta era de estrés y tecnología en la que poco se valora lo espiritual y mucho lo material.

Vale recordar que todo tiene sentido al comprender que somos espirituales (no es lo mismo que religiosos) y ser ma/padres nos confiere una responsabilidad adicional: Ser mejores seres humanos cada día; permitiendo darnos cuenta, de que no sólo somos parte de una sociedad sino de algo superior.

No sirve de nada si pretendemos fingir la coherencia, el cariño, la amabilidad, la gratitud, la paciencia o cualquier virtud. Nuestros hijos merecen que seamos lo mejor de podemos ser, que trabajemos en purificar nuestras mentes y cuerpos; pero sobre todo que sigamos nuestro corazón para luego enseñarles a ellos a escuchar los suyos y a seguirlos.

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